Ayer me fui con Lola de excursión, y tras una horita caminado por aquí y allá, me puse a buscar un buen sitio donde extender la toalla y tomar un buen aperitivo…

Nikon D50. AF 28-80 mm. Julio 2007. Ana Esteban.

V
i un árbol cuya sombra era espectacular, pero mi curiosidad me hacia seguir andar un poquito más… Cuando llevaba unos cuantos metros, tuve la extraña sensación de que algo me podía pasar, así que sin pensarlo dos veces, di media vuelta y decidí regresar hacia aquel árbol… Está claro que mi intuición no me engañó, ya que de regreso me metí la gran leche.

Fue todo muy rápido. El tobillo me falló en el peor momento y en el peor sitio. Literalmente se dobló sobre una piedra con restos de lodo. En mis brazos tenía a Lola, una pequeña mochila y otra más en la espalda, y con todo ello caí al suelo…

El dolor en ese momento fue terrible, era tan fuerte que era incapaz de moverme… Me encontraba tirada entre piedras, en medio del lodazal y totalmente sola… (La verdad que me vino bien para desahogarme, porque lloré como una descosida y a pleno pulmón, me quedé bien a gusto… ;-)… Fue una buena leche, pero a pesar de eso, tuve muchísima suerte de tener a mi derecha una vaya metálica que amortiguó el golpe realmente bien, a pesar de rasgarme un poco la cintura con uno de sus hierros salientes…

Nikon D50. AF 28-80 mm. Julio 2007. Ana Esteban.

Cuando conseguí recuperar la calma y el dolor disminuyó un poquito, analicé la situación: movilidad cero, camino hasta el coche distante y abrupto, sola con un miniperro de ocho meses y poca cobertura… Me arrastré por el suelo para salir del barro y decidí llamar a mi padre, que salió de casa como un cohete con un amigo… La espera iba a ser larga, así que me a gatas me acerqué hasta una buena sombra y allí me quedé a esperar un tanto aturdida y sorprendida por lo sucedido…

El tiempo pasaba y mi cobertura diminuía, pero duró lo suficiente como para poder indicar a mi padre y mi amigo donde me encontraba. Cuando no estaban muy lejos mi padre llamó a Lola y ésta salió corriendo en su busca, que les guió hasta donde me encontraba…. El recate fue duro, sobre todo para ellos, ya que el camino era un tanto peliagudo, y yo no podía plantar el pie en el suelo, así que me llevaron a caballito hasta el coche… (No os podéis imaginar el mérito que tiene eso, porque peso y mucho..)

Una vez en Madrid, me fui a urgencias: radiografía, antitetánica, venda, antinflamatorios y reposo. A las seis de la tarde, por fin todo había terminado… ¿La recompensa?, El laberinto del fauno en casa de un amigo...

Ahora me encuentro en casita con la pata estirada y descansando unos días… Así que… No hay mal que por bien no venga…

Nikon D50. AF 28-80 mm. Julio 2007. Ana Esteban.

Qué tengáis un gran lunes… Un besito muy, muy fuerte…