Ayer llevé a Lola a la perruquería… Os podéis imaginar por qué…

¡Qué pelos!... En fin, que quería dejarla yo misma, para dar indicaciones concretas a la perruquera, (no quería el corte del schnauzer exacamente). Así que salí a medio día del trabajo, recogí a mi madre y al bicho, y nos fuimos para allá...

La verdad, que no se si me entendió muy bien, (más bien no, pero bueno)… El caso es que cogió a Lola y la ató dentro de un casillero junto a otro schnauzer negro como ella. En se momento pregunté con angustia:

- ¿A que hora venimos a por ella?.
- A las siete.
- ¡A las siete! – dijimos mi madre y yo al unísono. – Pero si son las tres!.
- No creo que la tenga antes, si termino antes te llamo. – No llamó -

Mi madre y yo nos miramos. Teníamos ciertas dudas… ¡Eran cuatro horas!... Finalmente la dejamos porque le hacía falta ese corte de pelo… Lola nos miraba desde su casillero con pena, como queriendo salir de allí de un salto, pero no se inmutaba solo nos miraba con ansias… Cuando vio que abríamos la puerta e íbamos a salir, fue cuando comenzó a ladrar como si pidiese auxilio… En ese momento se me partió el alma. No quería verla de esa forma, así que salí de allí y me dirigí al coche, con mal cuerpo. Me sentía tremendamente mal por dejarla sola. Es un animal lo sé, pero ella no entiende, no sabe, y eso es lo que me mata…

A las siete menos diez estaba allí, y no os quiero ni contar los saltos que pegaba al verme…

Personalmente me gusta más asilvestrada, pero le hacía falta un buen saneamiento del manto. La perruquera está claro que no me entendió, pero bueno, ya le crecerá… El caso es que Lola ya está lista para las fiestas… ;-)


Y ahora que el pelo está saneado, ya me encargaré yo de mantenerlo a ralla para no tenerla que llevar más a la peluquería, que para eso tengo todo un kit… ;-)

Besitos gordos!

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